
Cuando el invierno empieza a ponerse crudo en la llanura y el viento pega helado por entre las hendijas de la piel y de los años, el campo se abre enorme ante los ojos que no lo pueden abarcar.
Todo se piensa de nuevo. Todo se piensa otra vez. Cualquiera podría decir palabras animosas en momentos de pesadumbre, pero la verdad, no hay motivo para ponerse en esos trotes. La pena fuerte es recado de una sola montura. Y hay que cabalgar en ella, sino no se cansa nunca.
La montura arisca es mas arisca que los hombres mal domados. No se da por vencida a la primera variada. Hay que andar días y noches sin detenerse, a ver quien aguanta más. Se pueden usar las manos para apoyarse en la cruz. Se pueden usar las manos para apoyarse en las ancas. Se puede bajar la cabeza y acomodar el sueño al andar. Pero no se puede caer. Porque si se cae, se pierde. Y la montura de pena no olvida las caídas. Las usa. Solamente mira desde lejos, lo que queda de la polvareda y el revolcón, con los ojos vidriosos y profundos. Con el cuerpo enorme que se percibe nervioso mas aun en su quietud. No hace nada porque no le hace falta. Sabe que ganó.
Siempre, siempre hay que saber, que para bajar de la montura, hay que esperar a que la pena pare sola. Si uno baja antes, es porque esta mas domado y no es bueno domarse en la pena. Uno se pone agrio.
Pero así como se detiene uno, se detiene la pena también a veces. Hay que ver quien anda con más ganas y paciencia.
Jinete y montura se doman todo el tiempo. El campo frío de esas sensaciones parece que no termina nunca.
Un día se amanece sobre un rincón de un canal, sobre un terraplén abandonado, sobre un cardal sin flor. Y el jinete se baja y mira a su montura, sabe que los dos están cansados. Los dos lo saben.
Y en la tristeza más honda y más perdida se miran en el silencio que corta solamente el roce del viento cuando pasa. La montura acompaña y se deja llevar. No claudica ante ningún camino y no se pierde ante ninguna queja. Acompaña y lleva. Y marca la vida su compañía. Cuando es así de lejano el camino de vuelta, cuando ya ha pasado tanto tiempo y es hora de volver, solo se oirá de respuesta su rezongo quedo, el golpe de una pata sobre la tierra, el aliento caliente y vaporoso en el invierno.
Pero la decisión no es de la pena. Por mas que se tenga que volver a pie. Por más que cabalguen hacia donde la pena no iría jamás. Por mas que vengan veranos o inviernos feroces. El animal es noble. Se deja llevar. Sabe.
En esos días de viento y decisiones, quien marca el camino de regreso, siempre es el jinete.
Y cuando el jinete lleva, la montura sola va cambiando hacia horizontes nuevos y sin siquiera notarlo, se está en otra tierra cuando se termina la noche cruda.
Foto: Madamme, por capitán para "Chicas de los Viernes"


6 comentarios:
linda metafora...y tan cierta...hay que tener paciencia y los sentidos agudizados y alerta para cuando la pena se detenga.
mis besos
ES HERMOSO COMO LO HAS PLASMADO Y TAMBIÉN MUY CIERTO. SIEMPRE PENSAMOS QUE ES LA PENA QUIEN NOS LLEVA HACIA ESOS LUGARES EN DONDE NUNCA IMAGINAMOS ESTAR, SIN SABER QUE EN NUESTRAS MANOS, ESTA EL PODER DE REGRESAR.
UN BESO GRANDE!
Cada viernes admiro más tu trabajo, gracias por generar tantas imágenes, tantas emociones.
Hay que ajustar las cinchas, agarrarse fuerte y marcarle el camino a la pena, ese que lleva a mejores horizantes!
Un beso grande y un abrazo también!
Como vienen diciendo las chicas de los comentarios anteriores, tu trabajo es cada vez mejor. Muy bueno tu blog. Si los viernes son buenos con una chica más!
fui a la estepa y ahí logre vaciar la estepa.
de ahora en adelante te nombro, en posmópolis, señor de las chicas de los viernes.
Solo estoy de paso, como siempre!!!
muy lindo es leerte!!
besoss!!!
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